Evangelio del 27 de enero 2026
Mc 3, 31-35
La madre y los hermanos de Jesús (Mt 12,46-50; Lc 8,19-21)
31 llegaron su madre y sus hermanos, se detuvieron fuera y lo mandaron llamar. 32 La gente estaba sentada en torno a él y le dijeron: —Mira, tu madre y tus hermanos [y hermanas] están fuera y te buscan. 33 Él les respondió: —¿Quién es mi madre y [mis] hermanos?34 Y mirando a los que estaban sentados en círculo alrededor de él, dijo: —Miren, éstos son mi madre y mis hermanos. 35 [Porque] el que haga la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.
El Evangelio de hoy nos puede generar muchas preguntas: ¿Quiénes son realmente los que conforman la familia de Jesús? ¿Por qué Jesús menosprecia a su madre y a sus parientes? Si decidimos trabajar por el Reino, ¿qué lugar ocupa nuestra familia biológica? ¿Cómo quedan los vínculos de sangre? Si miramos hoy la realidad familiar, ¿será que las familias que van a Misa se relacionan como realmente familia?¿Las palabras de Jesús no son muy duras? ¿No es bastante frío Jesús con su propia madre que lo va a visitar y se encuentra con esa respuesta?: “¿Quién es mi madre y [mis] hermanos? Y mirando a los que estaban sentados en círculo alrededor de él, dijo: —Miren, éstos son mi madre y mis hermanos.”.
Bien, este texto de Marcos no deshonra para nada a la familia natural. Estamos ante una definición de lo que es la “familia espiritual” de Jesús, sostenida en la obediencia a la voluntad del Padre y María es el modelo perfecto, siendo madre no solo por la sangre, sino por la fe y aceptación de la palabra de Dios. Ayuda mucho leer la carta de Juan Pablo II Gratissimam Sane (1994).
Lo que tiene que quedarnos muy claro es que Jesús nunca pudo haber menospreciado a su madre, jamás pudo haberla hecho sentir mal ni nada que se le parezca. Tendríamos que tener una mirada plana o muy superficial donde nadie quiere asumir la verdad de lo que realmente el evangelista quería expresar. Y ese es el problema, que muchas personas que hablan sobre este tema, “disparan” animados sólo por la lógica de la literalidad.
Es importante darnos cuenta de que siempre hay que trascender lo que leemos literalmente. San Pablo, nos dice algo muy sabio: «la pura letra mata y, en cambio, el Espíritu da vida» (2 Co 3,6). Tengamos cuidado con lo que decimos a veces sin saber. No podemos olvidar que los católicos no somos «fundamentalistas de la Palabra de Dios». Hay que darnos cuenta de que recibimos la ayuda del Espíritu Santo que vive en la Iglesia. Nosotros humildemente sólo tratamos día a día interpretar los Evangelios para que se haga vida en el hoy de nuestras vidas.
En este sentido la Virgen María es la mujer ejemplar. Ella es el ejemplo de la «doble maternidad»: biológica y espiritual, siendo la primera en cumplir la voluntad del Padre. Por otro lado, tenemos que preguntarnos: ¿de qué tamaño es mi corazón? ¿Somos una generación que le pone límites al corazón?
La invitación de Jesús es animarnos a ensanchar más nuestro corazón. El corazón de Jesús no tiene límites. Por tanto, Jesús sabe y confía que cada uno de nosotros podemos pedirle la gracia de agrandar el corazón. Esto no quiere decir, quitarle lugar al otro, o sacarle el lugar a alguien. Si no dar espacio para que entren más. Solo Él nos puede dar esa gracia y Dios lo hace muy bien.
Esto es muy importante porque hay que saber que tenemos que aprender en nuestros amores humanos, familiares, amistades, en la misma Iglesia. Porque hay una falsa idea del amor que sin querer lleva a pensar que el amor es exclusivo, reducido a mis propias elecciones. Y no es así.
Jesús vino a enseñarnos que nuestro corazón da para mucho más de lo que pensamos. Lo hizo con su vida y sus palabras, amando a todos y diciéndonos que, si cumplimos la voluntad de su Padre, de golpe, por decir así, por gracia de Dios, somos hermanos de Él, madres de Él, y, por lo tanto, se amplía nuestro corazón a lugares nunca pensados.
Seguro que esto nos puede pasar, que “gracias a Dios”, gracias a que tienes fe y tienes muchas más amistades, hermanos, padres y madres de las que hubieses tenido si tu vida hubiese sido solo hacer la tuya. Este texto del Evangelio es para orarlo y reflexionarlo. La Palabra de Dios se hace viva porque se cumple siempre, tarde o temprano. Nadie tiene más amor, más capacidad de amar, más amigos, más hermanas, más hermanos, que aquel que cumple día a día con esfuerzo, la voluntad de nuestro Padre del cielo. Entonces vayamos por el camino donde está la luz y así comprender que todos podemos sentirnos hermanos.
En resumen, todos estamos invitados a contemplar familiarmente nuestra Iglesia, a la humanidad en su conjunto unida no solo por lazos de sangre, sino por el servicio, la vida y el amor a Dios.
