Evangelio del domingo 25 de enero 2026 Mt 12-23

Evangelio: Mateo (4,12-23):

Jesús nos ha dejado claro que las tentaciones provocadas por el maligno se traducen a corto y a largo plazo en injusticias. En este contexto Jesús comienza a anunciar el Reino de Dios y hacerlo verdad. Se trata de un reino donde se trabaja la justicia que traerá la libertad y vida para todos.

¿Dónde específicamente Jesús comienza su proclamación? Lo hace en Cafarnaúm, junto al lago en su ciudad, la Galilea. ¿Por qué es importante este dato? Porque es un lugar mal visto por los habitantes desde el Antiguo Testamento. El norte había sido tomado por el imperio asirio en el año 722 a. C. y en el presente de Jesús era una ciudad mal vista porque estuvo en relación con civilizaciones paganas, con costumbres y religiones muy diferentes. Por otro lado, era región de las tribus de Zabulón y Neftalí, afectadas especialmente y corrompidas por la codicia y el abuso de los extranjeros como en el gran oráculo de Isaías 8,23–9,1. “El pueblo que caminaba a oscuras  vio una luz intensa”. Estamos ante una región sufrida, como un lugar de tinieblas y de muerte por causa de la opresión y de la explotación, ahora, con Jesús, va a ver la luz de la vida

En esta región, distante del centro económico, político y religioso (Jerusalén), Jesús comenzó a desarrollar su actividad. ¿Podemos imaginar cómo Jesús tiene que anunciar el reino de Dios en un pueblo que había estado por lo menos durante 700 años privada de su verdadera identidad?

En esta situación Jesús propone el anuncio de un Dios pacífico, no violento. Jesús en medio de esta realidad pide el arrepentimiento como criterio para recibir la Buena Noticia. La gracia que anuncia Jesús ocupa el lugar del juicio de Dios. Todo esto muy distinto al anuncio del Bautista que anuncia a un Dios vengador de las injusticias. A Juan  lo detienen, es encarcelado y luego lo asesinan.Jesús dice «Convertíos, porque el Reino de los cielos está cerca». En este sentido, Jesús proporciona un encuentro que está en relación con las expectativas del pueblo.  

En ese sentido queda más claro, pues, hay que entender el anuncio del reinado de Dios como centro de la predicación de Jesús. Con la justicia, anunciada y realizada por Jesús, todos se irán a liberar y a comenzar una nueva vida. Ya no hay diferencias: los judíos y los paganos tendrán el mismo derecho a la vida, que Dios ha prometido a todos.

Nos va quedando claro en qué contexto Jesús va a estar en la misión, pero necesita colaboradores para caminar juntos y formar una familia universal. Llama a Simón, Pedro y a su hermano Andrés; luego llama a Santiago y a Juan. Ellos dejan todo sabiendo que a partir de ese momento encuentran algo más importante, un nuevo sentido a su vida. Santiago y Juan dejan al padre, porque ahora van a estar al servicio del proyecto del Padre de Jesús. Jesús no pide que hagamos una cosa completamente diferente de aquella que hacemos. Pide que sigamos haciendo lo que hacemos y lo que cambia es que ahora lo que se hace se realiza a favor de los otros. Conviene mirar nuestras habilidades, nuestro oficio cotidiano para podemos contribuir a la construcción del Reino de la justicia. Es vital dejar de lado nuestros intereses estrechos y egoístas, para poner al servicio de Jesús, en beneficio de todos, aquello que sabemos hacer.

En conclusión, hoy Jesús nos llama a reflexionar en la conversión en todo el sentido de la palabra. Se trata de una conversión radical donde tengamos el coraje se salir de nuestra comodidad (dejando las redes) y ser luz allá donde nadie quiere ir centrando la misión en los pobres y marginados de esta época. No olvidemos que queremos vivir en una Iglesia compasiva y en donde todos lo que acerquen se sientan sanados y acogidos. No basta sólo púlpitos muy bonitos de donde salen palabras bonitas y sesudamente bien estructuras. Preguntémonos mirando nuestras vidas sobre qué acciones concretas de amor y justicia van transformando nuestras vidas y la de las demás.

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