La vitalidad de la semilla Mc 4, 26-34

¿Queridas hermanas y hermanos, no se han puesto a pensar que cada uno de ustedes son como la semilla de Mostaza?  Sólo conviene preguntarnos. ¿En qué parte del crecimiento estamos? ¿Seguimos siendo semilla? ¿Sentimos que estamos madurando? ¿quizá ya somos frutos llenos de vida y de esperanza y de sentido.  O a estas alturas de la vida, nos damos cuenta que hay muchas personas que recurren a cada uno de nosotros para que les hablemos con nuestra vida de Dios. ¿Estamos haciendo la vida más vivible a nuestros hermanos de comunidad?  hermanas esposas o esposos. O nuestro modo de proceder complica el crecimiento de los demás… Valoro los frutos que muestran las otras personas o me quedo en la comparación?  ¿Qué estamos haciendo con los frutos que Dios nos ha dado o qué estamos haciendo con la semilla que ha sembrado en nuestras vidas, la dejamos crecer?

Es bueno conocer los problemas que pasa la semilla que germina en el silencio.  Y es lo mismo que se vive en el Reino de Dios. Se esperan muchos frutos, aparecen, pero no duran por la presencia del mal que no nos deja crecer. No olvidemos que el mal se expresa con sentimientos y razones, a veces con razones aparentes, sentimientos y actitudes. El mal no deja que la semilla crezca porque camina por nuestra heridas o instintos   exacerbados, o a través de fervores, ideales exagerados, compulsiones, mecanismos de defensa o compensaciones. Muchas veces no hay fruto porque nos quedamos en el lamento o desolación, hay una especia de mezcla entre las complicidades y camuflajes. Sin embargo, Dios nos ayuda, desmontando las tretas. Las parábolas que cuenta Jesús nos reubican dándonos cuenta que en la vida hay muchos zamacones pero sea como sea Él cuida del terreno y de la semilla que sólo él puede sembrar.

Hoy Jesús nos presenta dos parábolas que completan la parábola del sembrador. ¿Cuál es el tema? El Mismo, el Reino de Dios, pero ¿por dónde hay que poner más atención? La atención está en que el grano de trigo germina por sí sólo y se insiste en la fuerza vital que posee la semilla del Reino de Dios. ¿Y esto qué quiere decir? Quiere decir que si bien la proclamación de la palabra es tarea de los seres humanos, el éxito de la misma depende de Dios; si no miremos lo que ha pasado con el grano de mostaza. al final refleja la grandiosidad de la acción de Dios. 

Lo entenderemos mejor con un ejemplo. Muchas veces predicamos a Dios y queremos grandes conversiones. Pretendemos que las persones cambien inmediatamente de vida y que sean muy santos.  Examinamos la batería de contenidos preparadas y pasa el tiempo y las personas siguen igual o peor. Cuando exponemos la semilla lo hacemos en nombre de Dios o en nombre de todo mi vagaje teológico que pudiera tener. Bueno, hay que entender que el Reino de Dios crece de manera eficaz en el silencio y sin apuros ; es decir que el Reino de Dios crece sin que el sembrador lo sepa cómo. El ritmo del crecimiento no depende del sembrador sino de la calidad de la tierra y de Dios. Ojo, el que cosecha es Dios no el sembrador.

¿De qué calidad es el Reino de Dios? Miren el Reino es de origen insignificante y de crecimiento imperceptible, como una semilla de mostaza, pero llegará a ser tan grande que habrá espacio para todos los pueblos ¿Y por qué todo esto? Porque el Reino de Dios es de Dios aunque la labor del sembrador sea mínima la fecundidad será de calidad aunque la semilla plantada sea insignificante. ¿En mi vida hay espacio para todos?  O va a depender del tipo de Curriculo Vitae que traes

No dejemos que las apariencias no nos engañen: aunque de inicio débil e insignificante, el Reino es obra del Padre y en sus manos está su abundancia y plenitud. Por lo tanto,  a cada uno de nosotros nos toca trabajar confiados en el creador y Dueño de la Semilla y de la tierra.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio