
Conversiones para nuestro tiempo
Hay que saber , palpar, amar, universalizar. Estos verbos obligan a todos los cristianos y solo desde ellos podemos pasar a conductas cristianamente discernidas. Pero muchas veces son ellos lo que falla (y lo que procuramos rehuir) más que la generosidad de las personas. Lo que haya que hacer dependerá, después, de la situación concreta de cada uno. Pero quiero destacar dos comportamientos que no pueden faltar en el conjunto de la comunidad eclesial y humana.




